8 de diciembre de 2010

DESATINOS POLÍTICOS OAXAQUEÑOS

Desafortunadamente, la nueva etapa política de Oaxaca comienza como cualquiera de las anteriores. Tenemos un gobierno que no termina de comprender el tamaño de las expectativas que generó y una oposición sin proyecto, ni voluntad de elaborarlo.

El nuevo gobierno llegó con el compromiso del cambio. Se montó sobre las olas del hartazgo ciudadano por la corrupción, el abandono y la desidia del anterior gobierno. La gente quería nuevos rostros, otras formas de hacer gobierno, para tener paz social, sin plantones, marchas, bloqueos y para tener empleo y bienestar social. Paz y progreso les ofreció el gobierno del cambio. El problema es que la administración comenzó enredada.

Primero. Los responsables de la consulta popular entregaron un pomposo documento denominado “Programa Preliminar de Gobierno”, cuando no existe Plan Estatal de Desarrollo. Sin Plan, no puede haber Programa, salvo que se quiera caer en el absurdo de programar obras de acuerdo al capricho del jefecillo de la hora inmediata. Fue tan inocuo e intrascendente el documento, que terminó en el desván de los recuerdos.

Segundo. El Gabinete, que se iba a integrar por personas con capacidad académica y conocimiento de la materia, se entrampó en las cuotas partidistas. El concepto de “gobierno de coalición” se confundió con el de la “administración coaligada”. En realidad son ideas diferentes. El gobierno de coalición implica compromisos y obligaciones compartidas, mientras la administración coaligada implica el reparto del poder en cuotas partidistas. El resultado va a ser un gobierno sin cohesión administrativa ni definición ideológica. Los problemas ya comenzaron, porque en ese esquema de reparto no llegaron los mejores, sino los cuadros más viciados, sin siquiera formación profesional.

Tercero. En realidad, el Gobierno no tiene rumbo preciso para concretar la idea del cambio. Las propuestas vertidas, hasta hoy, son una repetición del viejo discurso gubernamental, independientemente del partido de origen: democracia, libertad, igualdad, participación ciudadana. Son buenos conceptos y aspiraciones nobles, pero no hay claridad de cómo alcanzarlos. En la práctica, se repiten los viejos esquemas. En la distribución de cargos hay reciclaje, amiguismos y parentela. En las políticas públicas se habla de más asistencialismo, impulso a las empresas privadas y concreción de magnas obras impulsadas por ¡los ex gobernadores priistas!

Por el lado de la oposición, quedaron varados en dos momentos: siguen identificando al Gobernador como el Jefe de las Instituciones y no comprenden que ser oposición implica un proyecto alternativo de sociedad y de gobierno. Identifican la “oposición responsables” con decir sí, a todas las propuestas fundamentales del Ejecutivo. Por eso, los diputados federales se asumieron como mayordomos del Gobernador, cuando acudió a San Lázaro a negociar el presupuesto. Ahí perdieron la gran oportunidad de explicarle a la sociedad qué los diferencia del gobierno entrante y cuáles son sus coincidencias.

El error persiste en la dirigencia del PRI y entre los diputados locales. Varios meses después de tomar posesión del cargo, la dirigencia no aclara qué sociedad busca y cuál es su visión de futuro. Estoy casi seguro que los diputados aprobarán el Presupuesto de Egresos propuesto por el Gobernador, sin siquiera observar que va incluido ahí un nuevo impuesto, que la ciudadanía y los priistas repudiaron ampliamente: el, ahora, impuesto estatal de la tenencia vehicular.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 8 de diciembre de 2010.