12 de octubre de 2008

LAS BARBAS DEL VECINO.


FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 12 de octubre de 2008.

Bill Clinton fue uno de los presidentes más ocurrentes de nuestro vecino país del norte. De las prácticas de la Lewinsky, pasando por el rescate más rápido ante el desastre financiero de México en 1995, a él se debe una de las más famosas y lapidarias frases de la historia norteamericana: “Es la economía, idiota”, dijo, para criticar al presidente George Bush Sr. y rescatar del marasmo a Estados Unidos.

Ése fue uno de sus puntos fuertes para derrotarlo y es la misma fórmula que los ciudadanos norteamericanos le van a recetar a George Bush Jr., en su intento por mantener al Partido Republicano en la presidencia imperial norteamericana. Hasta ahora, cuando la crisis financiera de Estados Unidos está comenzando apenas, el candidato demócrata, Barak Obama, le lleva al republicano una ventaja de entre 5 y 8 puntos porcentuales en las encuestas aplicadas recientemente; también le está ganando a John McCain en los estados tradicionalmente cautivos de la derecha republicana. De acuerdo con estas tendencias, el próximo año, por primera vez, un negro se sentará a despachar en la Oficina Oval de la Casa Blanca.

Contra todos los pronósticos y las dudas de quienes pensaban que los blancos norteamericanos, en el último momento, iban a voltear a ver el color de la piel de los dos candidatos y se iban a inclinar por su tradición europea y protestante, los beneficiarios del poderío norteamericano, los grandes financieros y los jugadores de la fortuna de Wall Street, han volteado los papeles, gracias a su soberbia, su avaricia y su irresponsabilidad. Hoy, muy pocos norteamericanos le tienen confianza al Partido Republicano que enarboló las banderas de la libre empresa, de la libertad absoluta para el libre albedrío de los empresarios y financieros, y condujo el mito ideológico de la mano invisible del mercado como bandera de conquista por sobre todos los pueblos del mundo.

La mayor parte de los votantes achaca el desastre financiero norteamericano a un gobierno que no pudo y no quiso poner control al aventurerismo de los apostadores financieros. Los mismos que ahora, con el dinero de los contribuyentes, se pagan millonarios sueldos y bonos, casi como premio por el desastre económico que propiciaron. Estos son los nuevos aires que hacen ondear la bandera triunfante del candidato del Partido Demócrata.

Así, la crisis financiera mundial le va a dar el primer rebote al gobierno norteamericano que le explotó en las manos. La segunda escena de esta deflagración financiera la vamos a vivir en México.

A principio de este año, todas las encuestas y opiniones apuntaban al reverdecimiento de las esperanzas del PRI. Se basaban en la corroboración de las corruptelas del PAN y de sus fracaso como opción de gobierno, porque los funcionarios de la derecha jamás pudieron aprender a gobernar con base en los intereses de la nación, sino respondiendo solamente a intereses facciosos y partidistas. Pero, también, porque en el manejo económico, el PAN en el gobierno se enredó en la macroeconomía y propició una escalada de precios, buscando inducir a la opinión pública a aceptar la ley para la privatización petrolera.

En ese esquema -de cumplimiento de los compromisos contraídos con los financieros internacionales que apoyaron la alternancia como definición de la democratización mexicana y el triunfo de Felipe Calderón como propuesta de cambio-, el gobierno redujo subsidios e impulsó la escalada inflacionaria que afecta principalmente a los más pobres del país. Lo que nunca esperó este gobierno neoliberal, fue el desfondamiento de la supuesta economía más sólida del mundo. El desbarrancamiento financiero de Estados Unidos tomó por sorpresa al gobierno mexicano, como lo declaró el miércoles pasado el secretario de Hacienda, Agustín Casterns.

Es la gota que va a derramar el vaso de los mexicanos. Con un Partido de la Revolución Democrática enredado en las luchas tribales y en su ilegitimidad fundacional como partido de izquierda, muchos votantes han perdido al sol amarillo como faro de su lucha política. Entre la barbarie mesiánica de López obrador y el pragmatismo comercial de Los Chuchos, el militante perredista se va a perder en la maraña de siglas que las nuevas boletas electorales de 2009 le presentarán. Del naranja convergente, pasando por el rojo petistas, hasta llegar al amarillo perredista, muchos votos se van a volatilizar por la falta de consistencia ideológica de sus líderes políticos y, otros, por la ambición y la corrupción marcada de los más radicales del perredismo silvestre.

La primera muestra del futuro inmediato lo acabamos de observar en las pasadas elecciones de Guerrero. Ciertamente, ganó el PRI, pero las causas fundamentales estuvieron en las pugnas internas de los partidos autonombrados de izquierda y en la abulia y el marasmo del panismo derechista.

Pero también, como en Estados Unidos, la anticipada derrota del PAN y el PRD, el próximo año, va a tener en su base la ya clásica expresión de Bill Clinton. La economía va a ser el martillo del ataúd político de los aprendices de magos panistas y también del radicalismo tropical perredista.

DOBLE DISCURSO MAGISTERIAL.


FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.
Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 10 de octubre de 2008.

En su primera reunión con funcionarios del gobierno estatal, la nueva dirigencia del magisterio pidió dejar de lado simulaciones, imposiciones y autoritarismo para atender las demandas de los mentores con voluntad política (Tiempo, 8/X/2008). El Gobierno del Estado debía preocuparse por ese llamado a la voluntad política, porque implica una convocatoria a transgredir las leyes, para cumplir los caprichos del sindicato magisterial.

Si no mal recuerdo, uno de los primeros en utilizar el término fue el presidente municipal de Juchitán, Leopoldo de Gyves de la Cruz, cuando se puso en huelga de hambre para no comprobar más de 42 millones de pesos. Con el absurdo argumento de no contar en Juchitán con profesionales para llevar una cuenta pública ordenada, exigió la voluntad política gubernamental para solucionar su problema. A su entender, la voluntad política implicaba hacerse de la “vista gorda” y/o, en su caso, el propio gobierno estatal debía justificar los recursos reclamados. La voluntad política se aplicó y, hasta el día de hoy, Leopoldo de Gyves vive al amparo de la total impunidad.

A esa misma voluntad política convoca la Sección 22, para resolver sus dos principales demandas. Primero, el Gobierno debe recuperar las escuelas, entregadas por los padres de familia de la región mazateca y valles centrales a los profesores que sí daban clases, mientras la Sección 22 holgazaneaba en el zócalo oaxaqueño o estaba en plantones y marchas. Segundo, reclaman el castigo inmediato de sus agresores, en aquellos conflictivos días de 2006. Exigen soluciones no conflictivas, porque de lo contrario, el sindicato se verá obligado a mostrar su fuerza.

Como puede observarse, en esta primera reunión no hubo una sola propuesta de cómo elevar el nivel educativo de los niños y jóvenes de Oaxaca; tampoco se habló de cómo recuperar los días perdidos en las marchas y reuniones sindicales para elegir a sus dirigente y, mucho menos, se planteó posibilidad alguna de cursos de actualización y capacitación pedagógica para mejor atender al alumnado. Para concluir, el Gobierno, en voz de su Secretario General, ya adelantó su mejor voluntad para que las normales del estado no se cierren; puntual ofrecimiento que los profesores ni siquiera se dignaron a considerar, porque aún no está en la agenda nacional educativa.

Sin embargo, lo que sí dejó claro Azael Santiago Chepe, nuevo dirigente sindical, es que, siguiendo al Peje legítimo, no reconoce la legalidad y legitimidad del actual gobernador Ulises Ruiz Ortiz. Ya en Morelos, el mismo personaje gritaba la consigna “¡No a la privatización de la educación!”. Aquí en Oaxaca, frente a las autoridades que el Gobernador nombró y tomó la protesta, les restregó en la cara el mismo discurso pejista: ni la mano, ni el saludo al Gobernador de Oaxaca; pero eso sí, exige que el gobierno de Ulises Ruiz Ortiz le solucione sus problemas. No sé si sea un problema de psicosis política o sólo una pose circense. El problema estriba en que los grandes conflictos empiezan por las pequeñas incomprensiones verbales y estallan en medio de los conflictos de pasiones.

He insistido que en Morelos se está decidiendo el destino de la educación mexicana. Ojalá los funcionarios oaxaqueños se miren en ese espejo y no sigan cometiendo los mismos errores que han llevado a la Sección 22 a ser portavoz de la oscuridad educativa de todo el país.

5 de octubre de 2008

ANDANZAS MAGISTERIALES.


FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 5 de octubre de 2008.

Para fortuna de los oaxaqueños y para desgracia de los morelenses, el destino de la educación pública nacional se está decidiendo en el estado de Morelos. La disidencia de la Sección 19 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), aprovechando el cambio de su dirigencia estatal y la novatada de los recién llegados, inició un movimiento que terminó en la confrontación con la recién firmada Alianza por la Calidad de la Educación.

Como argumento para la movilización, que comenzó como una lucha por el control de la dirigencia, utilizaron un tema clave para cualquier profesor sindicalizado: el gobierno federal quería arrebatarles el derecho de heredar las plazas a los familiares que decidieran. En una ahora famosa nota televisiva, una profesora de Morelos declaró públicamente que estaban luchando para conservar los usos y costumbres de la herencia de las plazas magisteriales.

Obviamente, el argumento era el más endeble y el más susceptible de repudio por la opinión publica. Cuando la dirigencia de la disidencia nacional se percató del hecho, modificaron el formato de las declaraciones y convocaron la ayuda de sus seguidores y defensores en la prensa del Distrito Federal. A partir de entonces, el movimiento magisterial morelense y sus portaplumas manejaron la lucha como defensa contra la privatización de la educación pública. Siguiendo el eslogan de la lucha por el petróleo, la consigna fue ¡no a la privatización de la educación en México!

En el proceso, el magisterio disidente morelense abrevó de lo más nefasto de la Sección 22 oaxaqueña. Cerraron las escuelas y bloquearon las carreteras; en las casetas de pago, dejaban pasar los vehículos, pero antes, los automovilistas tenían que “cooperar para la causa”. No le pagaban al gobierno federal, pero el sindicato magisterial sí cobraba el peaje. El mismo esquema de la toma de la caseta de la supercarretera en la desviación a Telixtlahuaca, donde, año con año, los profesores oaxaqueños se forran los bolsillos con los ingresos federales.
La siguiente etapa fue el bloqueo al Palacio de Gobierno y las calles de Cuernavaca. La semana pasada, la disidencia magisterial morelense dio un paso más en la copia del modelo oaxaqueño, al convocar a las organizaciones sociales y políticas para integrarse en una coordinadora de lucha: estaban convocando al fantasma de la APPO morelense.

Para su desgracia, en Morelos gobierna el PAN y en Los Pinos despacha ahora Felipe Calderón. Por eso, tuvieron una respuesta pronta. Los padres de familia de Morelos y la Asociación Nacional de Padres de Familia inmediatamente se movilizaron, convocaron a recuperar las escuelas y llamaron al gobierno estatal para impartir clases por la televisión estatal. Por su parte, la secretaria de Educación Pública también dio una respuesta contundente: las plazas son del Estado mexicano y no de ningún particular, dijo.

Con estos hechos, todo la mesa de negociación se encontró con la barrera de la necesidad de profesionalizar el proceso educativo y de evaluar sus resultados, tanto el trabajo de los profesores, como el conocimiento adquirido por los estudiantes. Precisamente las causas reales de la revuelta magisterial. Mientras las dirigencias sindicales consideran la plaza como patrimonio personal, la SEP plantea la permanencia en las plazas, pero con la consiguiente actualización en los procesos pedagógicos y en las modificaciones curriculares; a los de nuevo ingreso, también se plantea su evaluación, como paso previo para su contratación.

En contraparte, los defensores de la disidencia argumentan las disparidades regionales. Es decir, que un profesor de Oaxaca no sabe lo mismo que uno del Distrito Federal o uno de Nuevo León; que un niño oaxaqueño tiene capacidades diferentes a los otros niños de otras entidades. En síntesis, la defensa argumenta que los usos y costumbres regionales deben prevalecer por sobre la media nacional; pero también defienden que cada estado otorgue las plazas de acuerdo a los usos y costumbres establecidos entre los institutos estatales de educación y las secciones sindicales: la venta de plazas, su asignación mediante el puntaje por asistencia a marchas y plantones, entre otras linduras de la irracionalidad sindical.

Mientras en Morelos se disputa el destino de la educación nacional, los profesores oaxaqueños mantienen su misma línea. Eligieron un nuevo líder, sobre la base del activismo y la virulencia radical. Por eso, su primer acto fue dirigirse al estado de Morelos y enviar, a partir de esta semana, un contingente de profesores oaxaqueños para engrosar las desfortalecidas filas de la disidencia morelense.

No conformes con el paro de labores durante la semana de la elección de su dirigencia, los profesores volvieron a dejar sin clases a los niños oaxaqueños el jueves pasado. El pretexto era lo de menos: festejar el “¡2 de octubre, no se olvida!” o el apoyo solidario a la lucha morelense, de lo que se trata es dejar vacías las aulas, para manifestar la combatividad del supuesto magisterio democrático oaxaqueño. Y luego denuncian que quien quiere privatizar la educación en México es el gobierno federal, sin terminar de entender que, con sus largas ausencias de las aulas, han hecho más por la privatización de la educación en el estado, al impulsar el auge a las escuelas privadas, donde incluso asisten los hijos de los propios líderes magisteriales oaxaqueños.

4 de octubre de 2008

PIFIAS DE LA CNDH.


FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 3 de octubre de 2008.

Nunca he creído que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) sirva realmente para algo, que no sea para pagar sueldos estratosféricos a un grupo de personas que se sienten funcionarios públicos, y para enredar la convivencia político-social del país.

La Comisión nació, según el modelo europeo, para tutelar los derechos de las personas contra el autoritarismo e ilegalidad del gobierno constituido. Sin embargo, su misión se extravió, cuando su personal comprendió que sólo podía actuar contra las decisiones administrativas del Poder Ejecutivo. El camino más fácil fue tutelar a la delincuencia contra los abusos policíacos.

Por eso, hasta hoy, no hemos visto un caso trascendental, donde la CNDH haya tenido intervención decisiva, para tutelar el derecho ciudadano nacional. Independientemente de la filiación política de los gobiernos de la República, la Comisión ha brillado porque sus intervenciones buscan los reflectores de la política, pero jamás en la defensa del interés ciudadano nacional.

Esto se pudo observar notoriamente durante la Trifulca Política Oaxaqueña del 2006. Había claramente una sociedad secuestrada por un grupo de vándalos y un sindicato magisterial, dirigidos por políticos que dirimían sus conflictos de grupo; estaba un gobierno estatal atado de manos por la incapacidad de sus funcionarios; y, el gobierno nacional se solazaba dejando a los oaxaqueños despedazarse entre sí, sin dar respuesta a los llamados de intervención de los poderes legalmente constituidos.

Cuando la CNDH acudió a Oaxaca, fue para corroborar si los derechos de los vándalos y el sindicato magisterial eran respetados o no. Sin embargo, al llegar a la ciudad, se encontraron a los oaxaqueños enardecidos y solicitando ser escuchados por una instancia institucional; entonces la Comisión montó una farsa para recibir las quejas. Hasta hoy, no conozco una sola respuesta dada a las miles de quejas presentadas en el Paseo El Llano.

Hace poco, la CNDH cometió el peor desaguisado de su existencia. Impulsado por los grupos de ultraderecha, su presidente se inconformó, ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por la ley permitiendo el aborto en el Distrito Federal. La respuesta de la Corte fue clara y contundente. Muchos esperamos que por pudor y un mínimo de vergüenza, el presidente de la Comisión renunciara o, por lo menos, pidiera una disculpa pública.

Su última pifia es la recomendación emitida contra los resultados de las investigaciones por la muerte del norteamericano Brad Will. Es tan absurda la recomendación que, por ejemplo, reclama a la Procuraduría General de Justicia del estado su ausencia en el lugar de los hechos, inmediatamente después del asesinato. Como si el vandalismo de los APPOs hubiera permitido la presencia de una autoridad estatal, en medio de la balacera que provocaron. También establece que los disparos se efectuaron a una distancia de 50 metros, más o menos, sin ponerse a pensar que acusa a unos policías municipales de ser expertos tiradores, como para acertar con la misma arma, en dos ocasiones seguidas, casi en el mismo lugar, a una persona delgada y en constante movimiento.

Pero no se trata de resolver el caso, más bien de estar en el centro de la atención mediática, porque la mayoría de los mexicanos y de los analistas de los derechos humanos, están convencidos que la Comisión ha dejado de cumplir su papel y su presidente ha perdido la brújula de la misión originaria de esa institución.

28 de septiembre de 2008

ASESINOS DE LA APPO.

FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 28 de septiembre de 2008.

Como era de esperarse, la Procuraduría General de la República (PGR), casi dos años después, ha decidido hacer pública sus conclusiones sobre la muerte del norteamericano Bradley Roland Will, ocurrida el 27 de octubre de 2006. Esos resultados no favorecen a la memoria de lo que se autodenominó Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), toda vez que la investigadora federal determinó que el primer disparo lo hizo una persona situada a escasos 50 centímetros de distancia y estaba colocado al lado derecho del camarógrafo, para que no lo pudiera filmar.

Según la PGR, después de caído lo llevaron en un improvisado camastro, aproximadamente 65 metros, rumbo a un vehículo, con placas sobrepuestas robadas en el Distrito Federal; en el trayecto le volvieron a disparar, causándole otra herida en sedal. Hace unos meses, Misael Sánchez, reportero de este periódico, adelantaba que las investigaciones encontraron que el cadáver fue lavado en un costado, para borrar las huellas de nitrato de plomo que podrían haber quedado impregnados en la piel, por la cercanía de los disparos (Tiempo, 26 de junio de 2008).

Recordemos que este asesinato se cometió durante un enfrentamiento con la policía municipal de Santa Lucía del Camino, cuando los contingentes appistas se dirigían al palacio municipal, después de bloquear avenidas y calles, y entrar violentamente en casas particulares, donde cometían destrozos y quemaban vehículos en los propios patios de sus dueños, a quienes acusaban del delito de ¡ser priistas!

En las horas inmediatas del crimen, los voceros de la Sección 22 y de la APPO denunciaron que los policías municipales habían hecho los disparos y asesinado al camarógrafo de Indymedia, un portal de Internet, que no lo tenía en su planta. En los días siguientes, la prensa del Distrito Federal y los noticieros de televisión difundieron fotografías de personas, a quienes identificaron como policías y los señalaron como responsables del crimen. Algunos policías municipales de Santa Lucía fueron detenidos y estuvieron en la cárcel varios días. Posteriormente, fueron liberados por falta de pruebas, pero los medios de comunicación, especialmente los proclives al PRD y al gobierno federal, reiteraban la culpabilidad de los policías municipales.

En esas aciagas horas, una voz solitaria lanzó otro rayo de luz sobre la oscuridad política del momento. Tres semanas después del crimen, la entonces Procuradora estatal, Lizbeth Caña Cadeza, declaró que “las evidencias y los resultados anexados a la investigación establecían que Will fue asesinado a quemarropa y quienes lo mataron eran parte del mismo grupo en el que se encontraba” (La Jornada, 17/11/06). Casi nadie le creyó, salvo la dirigencia de la Sección 22 y la APPO, quienes, a partir de ese momento, establecieron como otro punto de negociación, la renuncia de la Procuradora.

Aunque parecía difícil de creer, la hipótesis del asesinato por sus supuestos compañeros era la más creíble. Cuando leía la guerra de declaraciones que siguieron, me venía inmediatamente a la memoria aquella memorable fotografía que dio la vuelta al mundo, donde un soldado del enloquecido ejército nicaragüense de Anastasio Somoza, le dispara a un indefenso, arrodillado y con las manos en alto, periodista norteamericano. Fue la gota que derramó el vaso y la paciencia del entonces presidente, James Carter. Poco después, Somoza salía al exilio y un victorioso ejército sandinista comenzaba a tomar el poder. Nunca dudé que la experiencia la intentarían poner en práctica, alguna vez, los militantes radicalizados de los movimientos políticos.

Lo que no supieron prever, fue que la situación del país y el mundo entero, había cambiado. Como lo he reiterado, ya no gobernaba un presidente priista y la actual lógica del poder pasa por las urnas. Un crimen, inducido o no, no es causal suficiente para el derrocamiento de un gobernante. Lo más grave, para los autores del asesinato, es que su permanencia en el cargo le permite clarificar la verdad jurídica de los hechos.

El asesinato fue contraproducente, porque obligó a la intervención de la presidencia de la República para esclarecer los hechos, proceso que implicaba el retorno de la paz pública a la entidad. Los resultados ya los conocemos. Quienes iniciaron la Trifulca Política gozan de la total impunidad de los fueros legislativos y los negociantes noticiosos recuperaron la prebenda del dinero público para difundir las actividades gubernamentales.

En unos días más, veremos las caras de los directos responsables del asesinato de Brad Will, en las pantallas de televisión y las páginas de los periódicos. En realidad, fueron los autores materiales de un crimen inducido por otros. A esos no los alcanzará la justicia. Espero que, después de estos hechos, los promotores y ejecutores de la violencia comprendan el cambio de los tiempos. La toma del poder pasa necesariamente por las urnas y las campañas políticas. La violencia política conduce, más temprano que tarde, a las cárceles y al trasiego semianónimo de la gestión de las dádivas gubernamentales.


27 de septiembre de 2008

POLÍTICA COMO NEGOCIO.

FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 26 de septiembre de 2008

Hace unos días concluyó el último congreso nacional del PRD. El suceso no tendría ninguna importancia, porque fue solamente la ratificación de la existencia de las belicosas tribus perredistas. Grupos que no oían, ni dejaban hablar a sus contrarios y se dedicaban solamente a denostar, con los gritos y la consigna, como método de discusión y sucedáneos de la crítica racional como procedimiento para resolver controversias.

Tampoco es nueva su imposibilidad, casi congénita, para que los delegados electos llegaran a acuerdos para conducir a su partido. De hecho, los convenios alcanzados fueron tomados fuera del recinto de la asamblea y por dirigentes que nunca fueron electos para asistir al congreso formal. Fueron arreglos extra institucionales, para dirigir a un partido que no ha aprendido a acatar reglas de convivencia institucionales.

No, lo importante de este congreso perredista es su carta de reconocimiento al fin de las ideologías políticas. Lo que tanto anunciaron los teóricos de la derecha y esperaron los pragmáticos de los gobiernos, en este congreso se pudo concretar, en toda la extensión del término y con todas las letras de las palabras. El único punto donde coincidieron, todos los dirigentes de los grupos, fue en poner fin a la ideología como objetivo de campañas políticas y como meta de la búsqueda del poder.

A diferencia de los partidos de izquierda tradicionales, cuya característica fundamental fue la lucha por las mejores condiciones de vida de los obreros, los campesinos y los trabajadores, según la época o el lugar donde hicieron campaña, los perredistas se quitaron totalmente las caretas y dejaron a un lado las posiciones teóricas y políticas, para asumir el único punto claro, preciso y conciso de ese congreso: la convocatoria para la alianza con cualquier partido, independientemente de su ideología política.

Con ese acuerdo, dijeron, podrán aliarse con el PAN o con el PRI en los procesos electorales, tanto federales como locales que vienen. El mensaje era y sigue siendo claro: las ideologías y las posiciones políticas no importan, cuando la meta final es el poder y lo que conlleva. Así entendido, el fin último son las canonjías de los altos sueldos de la burocracia gerencial y el manejo indiscriminado de los presupuestos públicos de los municipios, los estados o el Distrito Federal. Para esta nueva izquierda, de esta supuesta modernidad, lo importante es la posibilidad de tener el poder de la firma, para ejercer los presupuestos públicos, sin importar cómo llegar ni el destino final de la sociedad que aspiran a dirigir.

En realidad, es verdaderamente lamentable esta nueva cara del interés político que nos muestra esta neoizquierda mexicana, donde la política es vista como negocio o trueque, como simple mecánica de adquisición de poder y, como corolario, de riqueza personal.

La primera respuesta la tuvieron del PAN. El presidente nacional de ese partido declaró la imposibilidad de cualquier alianza con el PRD, porque sus ideologías son totalmente diferentes. Es lamentable la falta de conciencia histórica de Germán Martínez, al pretender olvidar que en Oaxaca, en 2001 y 2004, el PAN se alió con el Partido Convergencia y el PRD para impulsar a Gabino Cue a la presidencia municipal y, después, en su aventura al gobierno del estado contra Ulises Ruiz Ortiz. Al menos el PRD peca de sincero, el PAN se esconde en la santería del olvido interesado.

22 de septiembre de 2008

CIUDAD DE PRIMERA.

FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.
Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 21 de septiembre de 2008.

Oaxaca es una ciudad de primera… pero por la gran dificultad de meter la segunda velocidad en los vehículos. Es el chiste más socorrido de nuestros visitantes al sufrir la gran cantidad de baches, topes y la desincronización de los semáforos de nuestras calles.

Año con año, conforme trascurre el período de lluvia, las calles de la ciudad se llenan de hoyancos y el desgaste natural de los pavimentos hace que se dificulte la fluidez de la vialidad. Siendo la principal ciudad del estado, es muy difícil concebir la inexistencia de un servicio eficiente de obra pública municipal, no sólo para arreglar los baches, sino para repavimentar las calles de la ciudad. Especialmente, porque, primero, Petróleos Mexicanos (Pemex), desde hace ya un buen tiempo, le dona al gobierno estatal y a los municipios que lo solicitan, el asfalto necesario para arreglar sus calles; pero, además, el municipio contaba o cuenta con una planta de asfalto propia, por lo que debía abaratarse el costo del arreglo de las calles de la ciudad.

Por otra parte, durante los meses de noviembre a febrero, la maquinaria de la Secretaría de Obras Públicas, como la de Camino y Aeropistas de Oaxaca, se encuentra inutilizada, porque las dependencias no cuentan con recursos para efectuar obra pública estatal, pero el ayuntamiento citadino sí tiene dinero y mano de obra suficientes para dedicarlos a la repavimentación de las calles de la ciudad. Si cada año se hicieran estos trabajos, difícilmente tendríamos tantos hoyos y calles descascaradas durante y después de la temporada de lluvias, como ocurre actualmente.

En segundo lugar, otra gran dificultad para la vialidad es la gran cantidad de topes que existen en las calles, fuera del Centro Histórico. Pareciera una maldición que, conforme cada ayuntamiento se dedica a pavimentar las calles de las colonias circundantes a la ciudad, los vecinos beneficiados inmediatamente ponen topes, a cada veinte metros, de ser posible. Así, no solo entorpecen el tráfico vehicular, sino también ayudan a contaminar el ambiente, por el gasto excesivo de gasolina que se genera cada vez que un vehículo reduce su velocidad y vuelve a acelerar.

Desafortunadamente, pareciera ser que, conforme menor es la preparación escolar de la gente en las colonias, mayor es la cantidad y frecuencia de los topes que ponen en las calles, porque, al no contar con vehículos, no tienen conocimiento del daño que causan las bardas que a veces se les ocurre construir. Pareciera ser que los vecinos quisieran evitar el lodo de las calles, pero, a la vez, quisieran revivir el entorno natural de sus pueblos de origen y donde sólo transitan por las calles las carretas, mulas y algunos burros. En las colonias donde no existen topes, para la desgracia de quienes ahí viven, son los profesores de las escuelas quienes pelean, a brazo partido, para poner los topes frente a las escuelas. Esto se puede observar con mayor claridad en la colonia Reforma, donde los vecinos han impedido la construcción de topes en las calles, pero se han encontrado con los profesores de las escuelas primarias, quienes repiten la cultura de los topes, como sucede en las calles de tierra de los pueblos de donde proceden.

El otro gran problema es la desincronización de los semáforos. Pareciera ser una condenación que los directores del tránsito y los regidores de Vialidad de la ciudad de Oaxaca consideren a los semáforos como un obstáculo a la fluidez del tránsito y no para agilizarlo. Hasta donde se puede observar, las únicas calles con los semáforos sincronizados son Juárez y Melchor Ocampo. Después de ellas, todos los semáforos parecieran estar ordenados para dificultar el tráfico vehicular. Por eso, cuando en las calles con cierta fluidez el gobierno municipal pone un semáforo, inmediatamente se convierten en verdaderos embudos para el tráfico vehicular. Si a eso le sumamos los autobuses urbanos, transitando en doble fila y rebasándose para ganar el pasaje, tendremos una idea más precisa de los tapones producidos por los semáforos. También, para quienes conducen en nuestras calles, es verdaderamente desesperante observar que, cuando en una cuadra un semáforo da la luz verde, en la esquina siguiente el semáforo pone la luz roja, para detener el tráfico vehicular.

Hay absurdos, como el semáforo del entronque de la avenida Niños Héroes con la calle Netzahualcóyotl, donde a falta de un semáforo más adecuado, quienes arreglaron la “vuelta inglesa” se les ocurrió poner uno que da el siga a la izquierda, viniendo sobre Niños Héroes, pero llega un momento que detiene el flujo vehicular, sin ningún tráfico proveniente de Calzada de la República. Es el ejemplo más notable de la desincronización de los semáforos.

Por eso, sí es cierto que vivimos en una ciudad de primera, pero no por la calidad de los servicios, sino por la deficiencia en la vialidad de nuestra ciudad.