14 de diciembre de 2008

PLANEACIÓN ESTATAL EQUIVOCADA.

FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 14 de diciembre de 2008.

Cuando asumen el cargo, todos los gobiernos estatales reiteran su voluntad de impulsar el desarrollo del estado de Oaxaca, sin embargo, desde hace por lo menos treinta años, persisten los indicadores de una planeación equivocada, que ha dado como resultado la perseverancia de los índices más bajos de desarrollo social y los peores de competitividad y productividad económica. Durante todo ese lapso, el primer punto que llama la atención son las diferentes concepciones que cada gobierno ha tenido sobre el concepto desarrollo. La mayor parte, tomaron los conceptos establecidos en los planes de desarrollo nacionales.

Para algunos de ellos, el desarrollo era el mero crecimiento económico que lograría el tan deseado efecto del desbordamiento de la copa cuando se llena con la riqueza acumulada en manos privadas, provocando que, con el incremento de la riqueza personal, los empresarios dedicaran los excedentes al mejoramiento, ampliación y creación de nuevas empresas para proporcionar más y mejores empleos a una mayor cantidad de oaxaqueños, quienes con la capacitación adquirida en las escuelas, lograrían alcanzar mejores y más altos niveles salariales que sus patronos estarían dispuestos a ofrecer, a partir del incremento de la productividad en sus empresas y de la mejor calidad de los productos producidos en ellas. Algunos otros gobiernos se definieron o al menos intentaron vincular el desarrollo social con el crecimiento económico. Para ellos, lo importante era que los más empobrecidos de la sociedad, los indígenas, los obreros, los campesinos y las capas populares pudieran acceder a los beneficios del crecimiento económico. Veían en la participación social la posibilidad de lograr la meta del desarrollo.

Sin embargo, en lo que coincidían todas las administraciones era en la necesidad de alcanzar el anhelado crecimiento económico que permitiera incrementar el Producto Interno Bruto (PIB) estatal y tener una mayor participación en el PIB nacional. Identificaban el desarrollo estatal con el crecimiento económico, con el incremento de los índices económicos. Obviamente, influenciados por las políticas nacionales, identificaban a la empresa privada como la única con posibilidad de generar el crecimiento económico y, por lo mismo, de crear riqueza social.

Esta visión del constante crecimiento empresarial privado como método y medio para lograr el crecimiento económico nacional, fue el marco teórico e ideológico de todos los planteamientos y lineamientos que enmarcaron la ansiada meta del desarrollo de la sociedad oaxaqueña. Para alcanzarla, desde finales de la década de 1970, los gobiernos estatales impulsaron el proceso de la planificación propuesto por la administración del presidente López Portillo y se dieron también a la tarea de establecer sus propios programas estatales de desarrollo, para plantear su visión del desarrollo, sus objetivos y los lineamientos de políticas públicas que desarrollarían durante sus sexenios.

Durante la campaña presidencial de Miguel de la Madrid, un grupo de análisis político se percató que, si bien la Constitución otorgaba el marco legal para la planificación estatal, había muchas lagunas para su concreción. Su propuesta buscaba que la planificación y la programación fueron concebidas como instrumentos para reorganizar al gobierno federal, sus relaciones con los gobiernos estatales, con los sectores de los trabajadores y de los empresarios. Consideraban que, si bien se le había dado impulso institucional en la segunda mitad de los setenta, había sido en medio de dos contradictorios procesos: el primero la veía como una técnica administrativa para modernizar la estructura y el funcionamiento de los órganos del Estado, y, el otro, buscaba convertirla en un sistema rector del Estado para, en alianza con las fuerzas motrices del cambio, transformar a las estructuras socioeconómicas, buscando construir una sociedad más democrática en lo económico, lo social, lo político y lo cultural.

Así, en cuanto asume la presidencia de la República, De la Madrid propuso modificaciones a la Constitución Política nacional, especialmente en el artículo 25 para otorgarle al Estado la rectoría del desarrollo nacional, buscando que fuera integral para fortalecer la soberanía nacional y su régimen democrático; mediante el fomento del crecimiento económico y el empleo y una más justa distribución del ingreso y la riqueza, debía permitir el pleno ejercicio de la libertad individual, grupal y de las clases sociales. El Estado debía planear, conducir, coordinar y orientar la actividad económica nacional. En las modificaciones constitucionales, la planeación se entendía como la ordenación racional y sistemática de acciones para transformar la realidad del país, de conformidad con las normas, principios y objetivos constitucionales. Mediante la planeación se fijarían los objetivos, metas, estrategias y prioridades; se asignarían recursos, responsabilidades y tiempos de ejecución, la coordinación de las acciones y se evaluarían los resultados.

En el Artículo 21, establecía que el Plan Nacional de Desarrollo debía precisar los objetivos nacionales, estrategia y prioridades del desarrollo integral y sustentable del país, contener las previsiones sobre los recursos asignados a esos fines; determinar los instrumentos y responsables de su ejecución, establecer los lineamientos de política de carácter global, sectorial y regional; sus previsiones debían referirse al conjunto de la actividad económica y social.

Este es el marco constitucional en el que los gobiernos estatales se enredaron, a la hora de interpretar los diagnósticos de sus planes, para plantear las políticas públicas equivocadas que nos han llevado a continuar siendo uno de los estados más atrasados entre todos los de la república mexicana.

12 de diciembre de 2008

PAN: INERCIA DERROTISTA.


FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 12 de diciembre de 2008.

Si el gobierno de Felipe Calderón no modifica sustancialmente la estrategia política del PAN, el año próximo sufrirá una histórica derrota y volverá a ser sólo la segunda fuerza política en la Cámara de Diputados. Lugar de donde, por cierto, lo rescató Ernesto Zedillo para cumplir con los acuerdos secretos del Tratado de Libre Comercio.

El PAN vive uno de sus peores momentos. En su vigésima Asamblea Nacional, el grupo gobernante logró derrotar a la ultraderecha conservadora del yunquismo y parecía encaminarse hacia la conformación de un partido pragmático de derecha centrista; sin embargo, la falta de oficio político práctico de sus cuadros dirigentes los hizo reponer a Vicente Fox en un cargo clave, acción leída por la ultraderecha como rasgo de debilidad y catapultó el retorno de Manuel Espino a la tarea mediática, desde el Consejo Nacional panista. Es su guerrita interna.

En las próximas elecciones, el electorado calificará también el ejercicio del gobierno. Hasta hoy, la crisis económica mundial aún no desfonda el bolsillo de los mexicanos; sin embargo, el alza de la gasolina y el gas ya empezó a repercutir en el índice inflacionario que casi llega al 7% anual. El efecto será retardado y pegará exactamente en el segundo semestre de 2009, precisamente en el momento de las elecciones. Además, los panistas tampoco saben gobernar. Sus gobernadores han mostrado su incapacidad administrativa, insensibilidad social y son propensos a los desmanes y al ridículo ético; en general, la mayoría vive entre la mediocridad y el escándalo, como Emilio González Márquez, el jaliciense góber piadoso y etílico.

Mientras tanto, el PRI va posicionándose hacia una cómoda mayoría relativa. Según una encuesta de María de las Heras, la intención del voto para las próximas elecciones federales le darían al PRI el 38 por ciento de las posiciones, el PRD retornaría a su tradicional 20 por ciento y el PAN llegaría al 32 por ciento (Milenio, 8/12/2008). Sin embargo, en estos seis meses que faltan para las elecciones, al descrédito político del PRD se suma la ruptura del Frente Amplio Popular y, del lado del PAN, mantienen su incapacidad congénita para convertir sus buenas intenciones en estructura política y votos electorales.

El PAN no cuenta con una cantera de cuadros triunfadores que le permitan ser competitivo en los estados. Por ejemplo, en Oaxaca van a tener el problema de escoger entre los delegados federales, quienes han usado los fondos públicos para hacer promoción política personal o seguir en la inercia de candidatear a desconocidos, sólo para cubrir el trámite electoral. El problema es que los delegados federales ganan más que cualquiera de los secretarios del gobierno estatal y casi ninguno está dispuesto a entrar en un proceso electoral perdido de antemano. Entre ellos no hay voluntad política, porque son panistas de última hora; los mismos que se irán al PRI en cualquier hora del triunfo.

Por último, y no menor en importancia, aquí los panistas eligieron a su peor candidato para dirigirlos. Un hombre que no invirtió un solo peso propio ni hizo campaña cuando fue candidato a diputado local; ya en la curul, lo financió el presidente priista de la Gran Comisión de entonces y lo impulso a aspirar a la presidencia municipal de Oaxaca de Juárez. Ese mismo “Libretón” va a dirigir la campaña electoral federal panista. ¿Alguien se puede preguntar por qué van a perder los once distritos electorales federales?

7 de diciembre de 2008

POLÍTICAS ECONÓMICAS EQUIVOCADAS.


FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 7 de diciembre de 2008.

En Oaxaca, la persistencia de la miseria y pobreza con desigualdad ha sido impulsada por las equivocadas políticas públicas económicas. Para empezar, al menos desde 1981, ningún gobierno ha definido con claridad su concepto de desarrollo. Tampoco se pusieron de acuerdo, ni han terminado de comprender que el crecimiento económico no conduce necesariamente y unívocamente al proceso de desarrollo, en cualquiera de las últimas cuatro vertientes que han tomado carta de naturalización en la discusión teórica y práctica instaurada a nivel mundial.

Desde una perspectiva comparativa, en el estado se han repetido los viejos esquemas transitados en el país. En mucho, vivimos aún en una etapa superada a nivel nacional desde la década de los cuarenta, cuando se dejó atrás el viejo modelo agrario-exportador, para plantear la posibilidad de la industrialización bajo el esquema de la sustitución de importaciones.

Por el contrario, nuestro estado se mantiene en el primer esquema. Sus características son las de una entidad dedicada a la agricultura de subsistencia, con muy poca actividad agropecuaria y agroindustrial. En realidad, casi todo lo que producimos lo consumimos y solo una mínima parte de la producción estatal sale al mercado externo, pero fundamentalmente como materia prima y no en productos manufacturados. Quizá por esto, ha sido una constante de los gobiernos estatales la necesidad de impulsar la industrialización de la entidad, bajo las mismas premisas y con las mismas promesas que el gobierno federal impulso la industrialización a partir de 1940.

Recordemos que el modelo agrario exportador saltó en pedazos en el período de intervalo entre las dos guerras mundiales, cuando los países más desarrollados compraban las materias primas a bajo precio, sin disminuir los precios de sus productos manufacturados, a pesar del incremento de la productividad y la tecnologización de sus industrias. Era un proceso oligopólico, de intercambio desigual, según Raúl Prebisch, donde los países de la periferia transferían excedentes económicos a los centros. En ese entorno surge la Segunda Guerra Mundial. Mientras Estados Unidos y Europa se enfrascaban en el conflicto, dejando de producir los productos para su consumo interno, los países latinoamericanos encontraron su gran oportunidad para producir mercancía ligera, en un proceso conocido después como sustitución de importaciones, impulsando un modelo basado en la industrialización y en el crecimiento del mercado interno.

El círculo vicioso oaxaqueño es la repetición de este esquema, con especial énfasis a partir de la década de los 80. La burocracia estatal se percata de la existencia de un proceso económico de intercambio desigual con el resto del país y la inexistencia de un mercado interno consolidado, entonces, la respuesta planteada es la misma que experimentó –con relativo éxito- el gobierno mexicano a partir de la década de los 40: el proyecto de la industrialización, la búsqueda de la mayor productividad y la tecnología de punta. Aunque en la entidad no se le aplica el nombre de “sustitución importaciones”, sí se retoma mecánicamente el procedimiento y lo plantean como un modelo de desarrollo para el Estado de Oaxaca.

En muchos sentidos, ese esquema de desarrollo económico nacional, impulsado especialmente a partir del modelo de sustitución de importaciones, buscando la industrialización y su consiguiente resultado de crear un empresariado privado fuerte, pujante y competitivo, ha llevado a los gobiernos estatales a concentrar aquí todos los grandes males observados en la escala nacional, sin tener los pocos beneficios alcanzados allá.

Si bien es cierto que el modelo impulsó el crecimiento de la economía mexicana, colocando la industria como eje de acumulación del capital y desarrollando los servicios, elevó el empleo e incrementó los salarios reales y alteró de manera importante la estructura social y espacial del país, aumentando el peso de los trabajadores asalariados de las capas medias y de la población urbana sobre la rural, también fue incapaz de abrir un verdadero sistema productivo nacional, coherente e integrado, sobre todo porque, los países como México, tenían una incapacidad estructural para generar las divisas que reclamaba el desarrollo económico, lo que impidió mantener el impulso del esquema.

Esta es la misma situación de Oaxaca. Todos los diagnósticos de los planes estatales de desarrollo, a partir de la década de los ochenta, confirman la existencia de un escaso ahorro interno y la falta de capital para financiar la industrialización, fundamentalmente por la inexistencia de la propiedad privada en el entorno rural. Así, los campesinos, a quienes los planes de desarrollo quieren ver como rancheros agrícolas, no logran encontrar financiamiento para impulsar los procesos de infraestructura hidroagrícola y agroindustrial. A esta situación debemos agregar que el proceso de sustitución de importación nacional impulsó un paulatino abandono del sector agropecuario, focalizándolo a la producción de la materia prima de la industrialización y olvidándose de las demás ramas de la producción agrícola. Así se comenzó a perder la autosuficiencia alimentaria y crecieron las importaciones de productos agropecuarios.

Enmarcados en ese proceso, durante casi 30 años, los diferentes gobiernos estatales que han dirigido el destino del Estado de Oaxaca se han equivocado reiteradamente en el proceso para concretar el deseo de impulsar el desarrollo económico de la entidad.

5 de diciembre de 2008

ABANDONO EDUCATIVO.


FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 5 de diciembre de 2008.

El 15 de octubre pasado, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), en el informe La ortografía de los estudiantes de educación básica, reveló que todos los niños en tercero de primaria y el 98 por ciento de los alumnos de sexto de primaria y tercero de secundaria tienen problemas para acentuar las palabras agudas y el pretérito de los verbos. Tampoco utilizan bien la transparencia grafemática: no usan correctamente la b y la v, ni la c y la s. Tienen problemas con las mayúsculas en las palabras y omiten frecuentemente la letra h.

Lo grave del caso es que los mejores resultados los obtuvieron los alumnos de escuelas primarias particulares, tanto en tercero como en sexto grados. Los estudiantes de planteles rurales de gobierno obtuvieron las calificaciones más baja, seguidos de escuelas de educación indígena.

Mientras los niños mexicanos tienen problemas educativos, los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) lograban que, al menos en Quintana Roo, Guerrero y Oaxaca, se suspendiera la aplicación de la Alianza por la Calidad Educativa (ACE), una propuesta del gobierno federal para profesionalizar al magisterio, controlar la venta y la herencia de las plazas, evaluar los resultados académicos escolares y mejorar la infraestructura física de las escuelas. Su lucha se centra ahora en Michoacán, después de haber sido derrotados en Morelos.

En Oaxaca, los funcionarios del IEEPO y la Secretaría General de Gobierno demostraron que no saben leer las coyunturas y dejaron ir la posibilidad de acotar los desplantes del dirigente de la Sección 22. Hace unos días anunciaron que en Oaxaca no se aplicará la ACE, sino se propondrá un proyecto alterno para mejorar la educación básica, además de cerrar los módulos educativos creados cuando los profesores holgazaneaban en el zócalo de la ciudad y se establecía el compromiso de regresar 45 escuelas a manos de los líderes de la 22.

Parece clara la claudicación del gobierno para dirigir los destinos de la educación oaxaqueña, pero, eso sí, los funcionarios garantizan una precaria estabilidad política durante los primeros meses del próximo año. Lo que nadie dice, incluso la borregada magisterial de la Sección 22 lo ignora, es que las 45 escuelas devueltas son precisamente donde los módulos dejan de funcionar. No se regresan escuelas, solo dejan de trabajar las paralelas creadas con personal de la Sección 29; las escuelas donde esa Sección tiene mayoría continuarán trabajando, como hasta ahora. Eso, también, le permitirá a los radicales de la Sección 22 paralizar las clases en junio del próximo año, en medio del proceso federal electoral, para obtener las prebendas económicas anuales acostumbradas.

Nuestro problema es que al sindicato magisterial oaxaqueño no le importa la calidad educativa, ni el gobierno termina por comprender su estrategia política. El sindicato busca demostrar la ingobernabilidad en la entidad y la incapacidad administrativa de los funcionarios para aplicar las normas institucionales de convivencia, además del beneficio económico personal de sus líderes, y, de paso, obtener mejoras salariales para las masas magisteriales movilizadas. A nadie le importa la calidad de la educación oaxaqueña, porque, por su parte, nuestros funcionarios viven al día y pensando solo en el cargo político-electoral siguiente, aplicando la máxima del gobierno foxista: “¡Que se pudra Oaxaca!”.


30 de noviembre de 2008

OAXACA: POBREZA CON DESIGUALDAD.

FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 30 de noviembre de 2008.

La desigualdad económica entre regiones es así, debido al dispar crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en cada entidad. En un documentado trabajo, Ana Luz Soto Ramos, ha descrito que, si bien el PIB nacional, en términos reales, creció a una tasa anual de 0.2% en 2001, ocho entidades aportaron de manera conjunta el 62% del total. El restante 38% lo generaron las demás entidades; entre ellas, el estado de Oaxaca participó sólo con el 1.5%, muy lejos del 22.5% del Distrito Federal, el 10.1% del Estado de México, el 7% de Nuevo León o el 6.6% de Jalisco.

En el caso del PIB del sector agropecuario, silvicultura y pesca, para ese mismo año, Jalisco participó con el 10.5% del total, Veracruz el 7.7%, Michoacán el 6.9%: mientras que Oaxaca y Guanajuato sólo aportaron el 4.2% respectivamente. En el sector industrial, ocho entidades contribuyeron de manera conjunta con el 62.7%, entre ellos el Distrito Federal con 18. 4%, el Estado de México con 13.2%, Nuevo León con 7.4%, Jalisco con 6.4%, mientras que estados como Guerrero y Oaxaca, sólo participaron con el 1.2%. En el sector servicios, las entidades que más aportaron fueron el Distrito Federal con 25.5%, el Estado de México con 9.3%, Nuevo León con 7.1% y Jalisco, 6.4%, mientras Oaxaca, Yucatán, Querétaro y San Luis Potosí sólo aportaron el 1.5%, respectivamente.

El bajo desempeño económico del estado arroja resultados desastrosos en los índices sociales, como el de marginación. Según el Consejo Nacional de Población (Conapo), con base en el IX Censo General de Población y Vivienda, el estado de Oaxaca ocupa el primer lugar en pobreza del país. Esta situación se repite, con respecto a las siete entidades ubicabas en el grupo de alto grado de marginación, donde Oaxaca ocupó el primer lugar en 1970, en 1980 y en 1990 ascendió al segundo lugar y de 1995 a 2000 se situó en el tercer sitio. En 30 años Oaxaca escaló dos lugares, para situarse sólo por encima de los estados de Chiapas y Guerrero.

Visto así, Oaxaca se ha caracterizado por mantener un marcado grado de desarrollo desigual y bajo crecimiento económico. Las actividades económicas estatales no generan empleos suficientes para absorber en totalidad la oferta de mano de obra, por lo que hay una creciente emigración hacia los estados del Centro y Norte del país, y, actualmente, a Estados Unidos. Además, el sector primario estatal no ha logrado salir del círculo vicioso de la agricultura de subsistencia y de temporal. Estas bajas tasas de crecimiento económico del PIB, la baja participación en el PIB nacional y el alto grado de marginación, constante desde hace 30 años, muestran la necesidad de redimensionar los factores que inducen a la pobreza, la marginación y la desigualdad, para plantear una nueva alternativa de desarrollo que se base en la realidad socioeconómica y cultural del estado, para impulsar un proceso de desarrollo acorde a esas condiciones sociales estatales.

En general, podemos afirmar que el impulso a la economía basada en la empresa con apropiación privada del excedente, que sintetiza la visión empresarial del desarrollo nacional, si bien ha producido crecimiento del Producto Interno Bruto del país, también ha producido una alta concentración de la riqueza en manos de muy pocas familias, y muy pocas personas. No garantiza, pues, la igualdad económica, ni la posibilidad de mejores niveles de bienestar de la población en general, aunque sí el excesivo enriquecimiento de un sector muy reducido de la población.

Aunque esta situación se ha visto reflejada en el Estado de Oaxaca, la diferencia, con el resto del país, consiste en que, si bien a nivel nacional las condiciones socioeconómicas, culturales e históricas, quizá estén dadas para impulsar un modelo de desarrollo basado en la apropiación privada e individual de los excedentes de la producción, en Oaxaca las condiciones son totalmente diferentes. Es precisamente la aplicación a rajatabla del modelo de desarrollo económico capitalista del país, la que nos ha conducido a contar con una mayoría de la población en situación de pobreza permanente y sin ninguna posibilidad de integrarse al proceso de crecimiento económico, tan anunciado y buscado por los regímenes políticos de la entidad y del país.

Por eso, mientras en el país se puede observar el enriquecimiento constante de un pequeño sector de la población, en Oaxaca, la inexistencia del ahorro interno, la carencia de esta visión empresarial privada y el propio desarrollo histórico totalmente diferente del resto del país, ha imposibilitado la conjunción de visiones y la coordinación con las políticas nacionales de desarrollo, lo que ha conducido a un estado permanente de miseria y pobreza de la mayoría de la población estatal.

En nuestro estado, como en general en el Sureste del país, la persistencia de la miseria y pobreza con desigualdad, es la diferencia con el resto de México, donde hay acumulación de riqueza con desigualdad.

28 de noviembre de 2008

PANISMO DESCENDENTE.


FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 28 de noviembre de 2008.

El demudado rostro del presidente nacional del PAN, Germán Martínez Cázares, al presentar al ex secretario particular de Felipe Calderón y virtual coordinador de la próxima campaña electoral federal, César Nava, es la prueba más palpable de la crisis existencial del panismo en el gobierno. Su rictus de impotencia e inseguridad se acentuó cuando, en la televisión nacional, César Nava anunció, sin ningún recato y adelantándose a los tiempos y las formas, su próxima candidatura a diputado federal y la coordinación de la menguada fracción parlamentaria panista siguiente.

Lo que parecía ser un reacomodo para ajustar las estrategias de gobernabilidad del gobierno federal, salta de su soporte lógico al observar los cambios ocurridos en el gabinete presidencial. La debacle panista, producida por la intromisión de los intereses y los negocios personales, la inmadurez política-administrativa de sus principales cuadros, el conflicto con el radicalismo clerical derechista y la reiterada indisposición para aprender los vericuetos de la política real, indujo a Felipe Calderón a buscar otras posibilidades de recomposición interna para posicionar a su corriente. Sin embargo, la muerte de Juan Camilo Mouriño le cerró la puerta para entrar a los senderos de la negociación y la consolidación de fuerzas, bajo la perspectiva de una promesa de futuro. Sin Mouriño, el PAN no sólo se quedó sin Delfín, sino también está demostrando su incapacidad de auto regeneración. Cortada de tajo la posibilidad de la sucesión heredada, el panismo regresa al aquelarre del retorno de los brujos.

Esta es la lectura del llamado presidencial a Fernando Gómez Mont para dirigir la secretaría de Gobernación y su convocatoria a Luis Felipe Bravo Mena para ocupar la Secretaría Particular. No son hombres del Presidente y pertenecen a otros establos políticos con proyectos divergentes a la camarilla gobernante. Lo que pareciera ser una conjunción de fuerzas, en la práctica se está convirtiendo en la peor muestra de debilidad presidencial y reveladora de la desesperación al ver diluirse el control de las redes reales del ejercicio del poder. Los reacomodos están mostrando a una presidencia espantada por el vaticinio de las encuestas, con el PRI controlando la Cámara de Diputados federal y dirigiendo al Senado de la República, para impulsar el cobro de la factura de la alternancia en el poder.

Mientras eso ocurre en el Distrito Federal, en Oaxaca los panistas se aprestan a apostarle a la vida fácil. Juegan a impulsar a su directiva estatal al ya conocido Carlos Moreno Alcántara, el famoso “Libretón”. Un hombre que, de la nada, llegó a candidato a diputado local, en aquellos tiempos cuando nadie quería ser candidato panista a cargo alguno. El Libretón se caracterizó por no hacer campaña política. Su única propaganda se redujo a unas hojas fotocopiadas pegadas en algunas calles, de algunas colonias de la ciudad. Es más, según algunos de sus amigos, no gastó un solo centavo de su bolsillo, pero pidió prestados 30 mil pesos, tope auto impuesto a su campaña y con el que llegó a la legislatura local. Los votantes de Oaxaca, en esa ocasión, votaron contra el PRI y el Libretón ganó.

En unos días más lo veremos dirigir al panismo local, si los amarres de sus padrinos en las delegaciones federales se concretan. Es lógico esperar que el PAN tenga como futuro inmediato el abandono, la desidia y la apuesta en la suerte. Pareciera ser que su destino, nacional y local, está más que cantada.

25 de noviembre de 2008

DESIGUALDAD ECONÓMICA.


FELIPE MARTÍNEZ LÓPEZ.

Publicado en el periódico Tiempo, de Oaxaca, Oax., el 25 de noviembre de 2008.

La visión del gobierno federal, para impulsar el desarrollo económico del país, se ha caracterizado por la persistencia del apoyo y el impulso a las empresas privadas, como únicos motores para alcanzar el crecimiento económico. Los resultados de estas políticas no han sido benéficos para la mayoría de los habitantes del país.

Por ejemplo, durante los treinta años que van de 1940 a 1970, la economía del país de caracterizó por altos porcentajes de crecimiento del Producto Interno Bruto nacional, llegando a alcanzar cifras de hasta 11.7 por ciento durante el sexenio de Adolfo López Mateos. Sin embargo, al final de ese periodo, conocido como el “desarrollo estabilizador”, el 39.2 por ciento de los mexicanos vivían en condiciones de pobreza extrema y el 23.3 por ciento estaban catalogados como pobres. A pesar que 62.5 por ciento de los mexicanos eran considerados pobres, para ese mismo año, el Banco de México informaba que el 20 por ciento de las familias mexicanas concentraban el 56 por ciento del ingreso nacional y 10 años después ya tenían el 60 por ciento.

Con estos datos, es claro concluir la falsedad del argumento de que el crecimiento económico sostenido garantiza un incremento de los niveles de bienestar de la población en general. Esos largos años del proceso de la sustitución de importaciones o de la industrialización del país, solo tuvo como resultado la concentración del ingreso en muy pocas manos de los ricos del país.

Con la llegada de la “década pérdida”, en términos macroeconómicos, para América Latina y México, a partir del sexenio del presidente Miguel De la Madrid comienza el periodo de la privatización de las empresas paraestatales, la apertura comercial al exterior y la nueva visión de que las empresas y las inversiones financieras extranjeras eran la nueva esperanza del crecimiento económico del país. Este nuevo esquema se consolida y toma forma de política de Estado en el régimen de Carlos Salinas de Gortari, quien incluso llegó a afirmar, en su V Informe de Gobierno: “"Sin duda la estabilidad económica, la desregularización y la privatización han permitido la creación de grandes grupos financieros y empresariales... (sin estos grupos) difícilmente podríamos acometer los retos de la globalización y la competitividad y quedaríamos fuera de los mercados mundiales.”

Esta nueva apuesta al desarrollo económico nacional, basado ahora en la primacía del capital extranjero, pero también fortaleciendo al empresariado nacional, ha dado, de nueva cuenta, como resultado el crecimiento de la desigualdad en México. El gran problema es que esta política neoliberal, basada en el ya famoso Consenso de Washington, no ha producido los espectaculares crecimientos del PIB de las décadas pasadas, sino incluso ha llegado a decrecer en algunos periodos. En general, el crecimiento económico nacional no ha logrado rebasar un modesto 3 por ciento, en los mejores años de desempeño económico, desde que se instauró la política económica neoliberal hasta la fecha.

Sin embargo, lo que ha producido es una alta concentración de la riqueza en manos de muy pocas familias. Según el informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en octubre de 2008, la desigualdad en el ingreso y el nivel de pobreza en México seguían siendo de los más altos en los países que integran esa organización. Nuestra desigualdad en el ingreso es 1.5 superior al promedio de la OCDE y dos veces superior al de Dinamarca. El ingreso medio del 10% de la población más pobre es inferior a mil dólares. Por otra parte, la distancia entre el ingreso de la clase media y el del sector más rico es mayor que la de cualquier otro país.

La aplicación a rajatabla del modelo neoliberal del desarrollo económico en el país, ha conducido a mantener a una mayoría de la población en situación de pobreza permanente y sin ninguna posibilidad de integrarse al proceso de crecimiento económico, mientras se puede observar el enriquecimiento constante de un pequeño sector de la población.

En este año, solo 39 hombres de negocios o familias tenían cotizadas sus empresas en la Bolsa Mexicana de Valores por un valor de 135 mil millones de dólares, equivalente a 12.3 por ciento del Producto Interno Bruto del país. Sin embargo, de ese total, solo 10 hombres o sus familias concentraba el 81 por ciento de esa riqueza privada. En promedio, cada uno de los diez más ricos de México, ganaron 836 mil 481 dólares diarios durante el último año y medio: casi 9 millones de pesos por día. Reduciendo aún más el intervalo, de los diez, Carlos Slim y familia concentran el 45.8 por ciento del total de esa riqueza, con una fortuna valuada en 61 mil 889.5 millones de dólares (La Jornada, 02 de julio de 2008).

Las políticas económicas seguidas por los diferentes gobiernos federales mexicanos se han caracterizado por definirse en la búsqueda de la acumulación privada de riqueza, pero con desigualdad entre todos los mexicanos. Se gobierna, en términos económicos, para unos pocos y a las mayorías se les atosiga con eufemismos del combate contra la pobreza.
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